Por: Leandro Gracco
Ab 1 del 12.- La lucha de clases es una forma muy particular de lucha, ya que en su esencia es una lucha enraizada en contradicciones antagónicas e irreconciliables, es decir, que no se pueden resolver por vía de negociaciones, o por la educación o concientización de los explotadores, o cualquier otra forma de esperanza o ilusión.
Quienes así lo han honestamente pensado han terminado fusilados, o asesinados de cualquier otra forma, y hasta crucificados. Si somos serios en el estudio de la historia, y no queremos causar muertes innecesarias sembrando falsas ilusiones en el pueblo, hay que hablar claro, sin hacerles creer que siempre este proceso será principalmente pacífico.
Hay que enseñarles que si algo enseñan los tiempos vividos por la humanidad, es que los conflictos o contradicciones sociales de relevancia, tarde o temprano, se resuelven por la violencia o represión, y no porque así lo quieran los revolucionarios, siempre amantes de la paz, si no porque así lo imponen los explotadores, las transnacionales, las oligarquías, y sus lacayos y ejecutores. La historia enseña que nunca una clase social privilegiada, que ostente el poder, ha entregado ese poder o sus privilegios, por las buenas, porque tomó conciencia, o por sensibilidad social, siempre ha tenido que ser obligada. Las clases explotadoras siempre recurren a la violencia contra el pueblo sin la menor compasión o clemencia. Esa es la enseñanza de la historia, y nadie podrá citar un caso en contrario, porque no existe, lo demás es engaño. Así de sencillo.
Justamente, el motivo de estas modestas líneas es demostrar que la lucha de clases es una verdadera guerra, aunque a veces, por períodos generalmente no muy largos, la lucha transcurra por vías relativamente pacífica, mientras las clases se reacomodan, buscan nuevas estrategia, nuevos aliados, etc., en fin, tratan de variar su situación para proseguir el combate. Es algo así como los armisticios. Sólo, son pausas para la reanudación. Así que, no sembremos falsas ilusiones de que los hechos de abril del 2002, o el paro petrolero, o luchas más cruentas, volverán tan pronto la oposición tenga algo de fuerza para intentarlas de nuevo, claro que volverán. Creer que esta será una revolución eternamente pacífica es sembrar ilusiones, es creer en una revolución con descuento, eso no existe. Que las luchas vuelvan es una esperanza. Por qué es una esperanza, porque si no vuelven, es que no avanzamos en la construcción del mundo nuevo, si no vuelven, es que nuestros líderes nos han traicionados, y tarde o temprano el pueblo sí volverá con nuevos y mejores líderes, porque los pueblos nunca se rinden, y porque el capital, mientras exista, nunca dejará de explotarlo. Entones, sólo destruyendo el capitalismo podremos avanzar y tener paz.
Pero, volvamos a lo nuestro. Habíamos quedado en que la lucha de clases es una verdadera guerra, y justamente no cualquier guerra, es una guerra civil, aunque generalmente con injerencia internacional (el capital si sabe de internacionalismo), en fin, es la guerra más despiadada y cruenta que conoce la humanidad. Los poderosos y sus ejecutores asesinan sin ninguna misericordia, niños y niñas, ancianos y ancianas, y todo el que se atraviese, desaparecen a los que no quieren ni que sean enterrados. Para ellos, todo es válido, la ley no existe, bombardean pueblos enteros, fusilan al inocente que se rinda sin venderse, y a veces al que se vende también, y lo más humanitario, es usar la bomba sólo mata gente.
En la guerra de clases, como las clases capitalistas se hallan convencidas de que defienden la “civilización” contra la “barbarie” de los tierruos, juzgan que les están permitidos todos los medios, aunque sean medios al margen de la ley. La guerra civil es más cruenta que cualquier guerra entre Estados, o cocodrilos del mismo pozo, entre ellos se hacen armisticios, y respetan ciertas reglas, el llamado “derecho de guerras”. La contrarrevolución coloca a las clases explotadas, en rebelión contra el sistema “fuera de toda ley”, y por eso se cree con derecho de actuar al margen de la ley. En la guerra de clases no se reconoce derecho alguno. En ninguna parte del mundo en una nación invadida se declararon los técnicos en huelga a la entrada del invasor, como sí lo hicieron en PDVSA, ni dejan sin comida al pueblo invadido, como aquí durante el llamado paro petrolero del 2002-2003. Es que las guerras entre estados son generalmente guerras entre secciones del capital internacional y las clases posesoras, que profesan una sola ética de clase, la mentira, el engaño y la explotación. Veamos un ejemplo histórico. En 1917, la toma del poder en Petrogrado en ese entonces la capital, fue rápida y sin casi derramamiento de sangre. En Moscú, antigua capital (ambas las ciudades más grandes e importantes de Rusia), la batalla callejera duró seis días y fue muy dura. Encontrándose rodeados los revolucionarios, por haber actuado en forma indecisa, el comandante del Kremlin, Berzin, entrega la fortaleza, bajo promesa formal de que se respetará la vida de sus hombres y después de habérsele certificado que “había quedado restablecido el orden”. Un coronel opositor le dice: “¡Hola! ¿Todavía estás vivo? Hay que matarte.” A la tropa y demás revolucionarios que se encontraban allí, al amanecer se les ordena alinearse en uno de los grandes patios del Kremlin, y una vez allí se les apunta bruscamente con tres ametralladoras que se hallaban disimuladas. (relatado por uno de los que se salvaron) “No pueden, sin embargo, imaginarse aquellos hombres que los van a fusilar de aquella manera, sin juzgarlos, sin motivo alguno, puesto que no habían combatido).
Las tres ametralladoras rompen el fuego, y su martilleo se mezcla con los gritos de espanto, los gemidos de agonía y los sollozos. Esa masacre no es un hecho aislado, es repetición histórica de la realizada en la Comuna de París, en la guerra civil española, en el chile de Pinochet, y de seguro muy parecida a la que quieren hacer con nosotros la gente de bien de la oposición. Y de paso, cuando los revolucionarios ganan, perdonan y sueltan a sus posibles asesinos, eso también ha pasado repetitivamente en la historia, y pasó en la Rusia de 1917. Aquí lo hicimos en abril del 2002, y ya sabemos que pasó después, lo mismo que ha pasado, vuelven a asesinar aquí y allá también. También sabemos lo que le pasa a los revolucionarios que se rinden en combate, lo mismo que le pasó al Ché.
En Conclusión: Las llamadas “LEYES DE GUERRA”, eso de respetar la vida de los prisioneros, no desaparecerlos, no cortarle las manos, los derechos humanos, la Convención de Viena, etc., NO SE APLICAN EN LAS GUERRAS CIVILES. En esta guerra no existen los neutrales, ya lo dijo Bush, el que no está con nosotros está contra nosotros, o algo así (para EEUU como el capital no reconoce fronteras, el mundo es una guerra civil), por eso actúan en todo el planeta como si fuera una guerra civil, invaden, matan o secuestran a quien quieran), sin ir muy lejos, preguntémosle a Obama por los derechos humanos en Guantánamo.
Para no hacerlo muy largo, ya cubiertos 2/3 del título, digamos algunas líneas sobre cuál es el papel de la pequeña burguesía en esta cruenta guerra que es la lucha de clases. No me refiero a tal o cual persona proveniente de la llamada clase media (no por tratar de mediar), o con ciertos medios económicos. Me refiero a la pequeña burguesía en su conjunto, como clase social.
En Venezuela, la burguesía tiene poder ideológico sobre buena parte de la pequeña burguesía, su influencia en sectores altos y medios se ve en las elecciones internas de la oposición. Por mucho tiempo será tarea pendiente aislar a la burguesía, reeducar ideológicamente a la población. En Rusia, para seguir con ejemplos concretos, entre febrero del 17 y octubre, durante la insurrección, la pequeña burguesía de las ciudades, con los socialistas a la cabeza, se suma resueltamente a la contrarrevolución. La pequeña burguesía le servía a la burguesía, porque como clase aspira a ser nueva burguesía, y como clase social, en las revoluciones sigue a quien ella cree va a ganar.
Entonces, en Rusia representaba a la burguesía porque no creyó que los pata en el suelo con los bolcheviques al frente, pudieran alcanzar el poder, y menos retenerlo. En Venezuela, la clase media ha tenido igual parecer, hasta la finalización del llamado “paro petrolero”, pero se ha ido convenciendo por experiencia propia, que no es así, por eso ahora, la oposición trata de hacer creer, que la enfermedad del presidente puede hacer variar la situación. Esa es una de las desventajas de dejar recaer un proceso, más, en una personalidad que en un partido y una clase. Nuestra tarea, demostrar lo contrario, que hay Chávez pa’ rato, y que el partido cada vez es más fuerte y revolucionario, y que la clase obrera y el pueblo tienen cada vez más conciencia de clase, pero esto último es difícil con liderazgos político pequeño burgueses, que creen que el partido es de su propiedad, y se reparten parcelas, que combaten al control obrero como verdaderos burgueses, que no reconocen sus errores y parecen pensar, “que perezca la revolución, pero que se salve mi cuota de poder y mi reputación de infalible”. Esa dirigencia impone grupos artificiales subordinados a ella, genera ausencia de lucha ideológica libre y honesta, porque al igual que el candidato de la oposición, no tienen con qué, y el debate pondría en evidencia sus inconsecuencias; aplican el calificativo de enemigos de la revolución a todos aquellos que osen criticar su corrupción, su nepotismo, sus negocios con cabillas, etc..
He aquí lo que impide el llegar a los 10 millones de votos ahora mismo. No es que queramos la nacionalización inmediata de toda la banca y toda la propiedad privada, quien ello piense habrá leído mucho a Marx, Engels y Lenin, pero no los entendió en absoluto, y se aferra a los comentarios superficiales de doctrinólogos de la fantasía. Lo que queremos es que lo que se haga, se haga con métodos revolucionarios, empoderando a las bases del pueblo, a las bases del partido, a los Consejos Obreros y Comunales, y no a los grupúsculos de la pequeña burguesía, sólo solidarios con sus bolsillos e intereses particulares, que haya verdadera democracia y debate interno, sin interferencia de los jefes de las instituciones, sin hipocresía, sin proclamar “no a los grupos” mientras se impulsa el de ellos. Queremos un pueblo y una militancia revolucionaria de verdad, no un pueblo y una base revolucionaria con una dirigencia pequeño burgués, que usan mucho la fraseología revolucionaria, pero sus actos delatan que como los acusó El Ché, llevan la revolución sólo en la boca.
En nuestro partido, hay en buena parte, una dirigencia de ese tipo, pequeño burguesa. Contamos con una sola mano los dirigentes fogueados en la lucha de clases o que verdaderamente representan los intereses del pueblo llano, fielmente, como lo hace el Comandante Chávez.
Que en una primera instancia de la revolución haya pasado e so en un país petrolero, rentista, eso es en cierta forma entendible, ya que siendo la pequeña burguesía una clase más leída o educada que la mayoría del pueblo llano, siendo mucho más numerosa y avanzada que la burguesía propiamente dicha, se cree llamada a dirigir la sociedad y a dirigir y tutelar a la militancia de base, se creen infalibles (cuando vean a alguno reconocer sus errores en público me avisan). Sólo reconociendo los errores podemos corregirlos y evitar que otros los cometan. Los errores son inevitables cuando los pueblos luchan, pero los revolucionarios permanecen junto al pueblo, ven esos errores, los explican, tratan de corregirlos y luchan persistentemente por el triunfo de la conciencia de clase. Pero ya va siendo tiempo de renovar ese liderazgo de iideología confusa, y de contraponer el realismo frente a la fraseología “revolucionaria”. El socialismo de la pequeña burguesía es un socialismo de “dirigentes”, liberal, confuso, timorato, individualista, a veces utópico y a veces reaccionario. En las clases medias y la dirigencia acomodada, la mentalidad pequeñoburguesa tiende a disociar, sobre todo en política, la acción de la palabra, y buena parte de nuestra dirigencia nacional y las regionales, es buen ejemplo de ello. En el fondo, la pequeña burguesía en cualquier parte de mundo, quisiera una república democrática, en la que sea ella la clase dirigente, en la que se lleve adelante sin trabas el desarrollo capitalista, para ellos disfrutar de él. Y para ello cuentan con clarividentes ideólogos, que imaginan un desarrollo por etapas, en las que sólo hay que esperar que lleguen una tras otra, claro sin lucha de clases.
Pero, la realidad de la revolución los alcanzará, y su utopismo con que han soñado tantas veces se estrellará contra la realidad dura y cruda. Porque los pueblos, acostumbrados a vivir entre realidades duras, a padecer necesidades, endurecidos en la lucha por la vida, junto a los verdaderos revolucionarios, forjados en la escuela de la represión, saldrán adelante.
En definitiva, la pequeña burguesía, las llamadas clases medias, siguen y seguirán a los más fuertes; cuando terminen de caer en cuenta de que el pueblo, con la clase obrera y el partido revolucionario son los más fuertes, irán tras ellos. El deber de la Oposición de Izquierda dentro de partido, es poner en evidencia, desenmascarar y condenar a la vergüenza eterna en la conciencia de la vanguardia proletaria y de pueblo, de un modo implacable, el carácter de clase de la pequeña burguesía y su dirigencia.
En las revoluciones, a los verdaderos revolucionarios sólo nos quedan dos alternativas: vencer o morir. Claro, la pequeña burguesía tiene más: saltar la talanquera, venderse, traicionar, negociar, enriquecerse, irse de país, etc.. Entonces, ojo avizor con lo que decimos y hacemos, ojo avizor con nuestra dirigencia infalible que no admite errores ni críticas a no ser de nuestro Presidente, ojo avizor con para qué nos preparamos, qué partido y qué dirigencia tenemos y/o apoyamos. Luchemos por la reelección de Chávez y un partido verdaderamente revolucionario. Organicémosno internamente, aunque sea en forma cerrada.
Profundicemos la Democracia Participativa y Protagónica (PDPP).
¡Hasta la Victoria Siempre!
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J. Manuel Arango C.
Director, Editor. Colaborador en Kaos en la Red
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